martes, 1 de agosto de 2017

Sólo la firmeza y contundencia nos salvarán

Somos un pueblo de Libertadores. No es una consigna ni un slogan, es una realidad de la que debemos convencernos nosotros mismos. Hoy se cumplen 123 días desde que nos lanzamos a la calle para conquistar definitivamente la democracia y la libertad. Marchas, plantones, trancazos, paros, huelgas, homenajes, vigilias han marcado nuestro accionar. La dictadura ha arreciado con más de 5.000 detenciones arbitrarias, más de 120 asesinatos y aumentando la cifra de presos políticos hasta casi 500. Incluidos alcaldes, concejales, diputados y magistrados, sin contar las medidas arbitrarias de trasladar a Leopoldo López y Antonio Ledezma de nuevo a una cárcel militar.

Hoy estamos en desobediencia ante toda autoridad, legislación y régimen que viole la Constitución y los Derechos Humanos (Art. 350 CRBV). Aferrados a ese derecho, el 16 de julio realizamos un plebiscito inédito: El pueblo organizándose cuando la dictadura quiere impedírselo, el pueblo expresándose cuando la dictadura lo quiere callar. Y el resultado fue extraordinario: Con muchísimas menos mesas electorales que en una elección tradicional y con todo el aparato del Estado en contra, 7.676.894 gritamos al unísono tres exigencias:


  1. No reconocemos el fraude disfrazado de Asamblea Nacional Constituyente que ha impulsado Maduro, y no obedeceremos ninguna de sus decisiones.
  2. Exigimos que la Fuerza Armada Nacional deje de seguir instrucciones violatorias de la Constitución y los Derechos Humanos y se sumen a la lucha institucional por restituir el hilo constitucional. 
  3. Exigimos la renovación de los poderes públicos y la conformación de un Gobierno de Unión Nacional que restituya el orden constitucional.
Apenas 14 días después, la dictadura se empeñó en acelerar su proyecto, en vez de acatar la voz del pueblo. Realizaron un fraude electoral y constitucional: Una elección de constituyentistas sin consulta previa al pueblo de Venezuela, y con las más opacas y arbitrarias condiciones electorales. Estuvimos en la calle impidiéndolo, y los obligamos a cerrar centros de votación y tener que hacer malabares para sostener su fraude. Les votaron apenas 2.483.073 personas, y tuvieron la cara dura de afirmarle al país y al mundo que habían participado 8.089.320 venezolanos. El resultado no sólo fue la abstención y la mentira, sino la masacre que ejecutaron ese día, llevándose la vida de más de 15 venezolanos que luchaban de manera pacífica y en la calle por sus derechos, incluidos tres menores de edad, uno de ellos de 13 años.

Hoy nos corresponde acatar el mandato popular del 16 de julio, y defender con todo a la República. Cuando la dictadura pretende instalar una Asamblea Constituyente, reestructurar la Fiscalía General, cerrar canales de televisión, apresar a los dirigentes y activistas de oposición y no dejar piedra sobre piedra, es cuando con más vehemencia y claridad debemos avanzar en nuestra estrategia. 

¿Cómo avanzar?

El mandato del 16 de julio es claro. No podemos avalar ni permitir pasivamente la instalación del fraude constituyente; y aún cuando lograsen avanzar en ese sentido, no podemos obedecer ni reconocer ninguna de las decisiones o acciones que desde allí tome la dictadura. Y esto hay que asumirlo como Libertadores, entendiendo el riesgo de retar a una dictadura asesina como esta, pero sabiendo que la gloria de conquistar la democracia es mucho mayor que el dolor presente.

Así mismo, debemos seguir emplazando a la Fuerza Armada, evidenciando lo ilegal de las órdenes que reciben, y lo urgente que es que dejen de ser el brazo armado de la narcodictadura. Los militares, como ciudadanos venezolanos, tienen la obligación -no la opción- de restituir el hilo constitucional, y más aún en ejercicio de las funciones y herramientas que tienen para defender la República. 

Y finalmente, se debe avanzar sin vacilaciones en la conformación de un Gobierno de Unión Nacional. Un primer paso fue el nombramiento de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, sin embargo, no se ha trascendido del nombramiento a la toma de acciones concretas. Nuestros magistrados están escondidos o encarcelados, sin que la Asamblea ni los ciudadanos hayamos hecho nada para defenderlos y que ejerzan plenamente sus competencias. Esto debe terminar y debemos defender con garra a todas las autoridades emanadas de la legítima Asamblea Nacional.

El nombramiento de rectores del Consejo Nacional Electoral también es urgente. El fraude de Maduro fue consumado por unas señoras con períodos vencidos, carentes de toda legitimidad. Y asimismo carecerá de legitimidad cualquier acto que ellas ejecuten, más aún luego de que el mundo entero viera como mienten con las cifras. Se debe nombrar un nuevo CNE, y que ejerza, y que sea defendido por todos los ciudadanos. No importa si la dictadura no lo reconoce, deberemos entonces contrastar la fuerza de la mayoría en la calle defendiendo sus instituciones legítimas contra la debilidad de una dictadura y sus instituciones serviles.

Asimismo, la conformación de un Gobierno para la transición debe ocurrir luego de contar con el fundamento institucional planteado. La presión sobre Maduro es la más alta de la historia, pero sigue ejerciendo funciones, a pesar del rechazo de todo el pueblo y de la sistemática violación de los principios democráticos. Debemos entonces establecer una verdadera institucionalidad, un poder legislativo, que será acompañado por un poder judicial y electoral para la conformación de un nuevo poder ejecutivo. Y esto no como una locura por fuera de las leyes ni la soberanía popular, sino precisamente la expresión clara e inequívoca de la defensa de la Constitución y el cumplimiento de la Voluntad Popular expresada el 16 de julio. 

Esta ruta acrecentará el conflicto promovido por Maduro al negarse a cumplir la Constitución y mediante la acción de un gobierno reconocido por el pueblo contrastado con una dictadura carente de obediencia, debemos seguir avanzando hasta la salida definitiva de quienes usurpan el poder. La presión de calle se debe sostener e incrementarse, más protestas, con más personas, en más lugares, durante más tiempo. Si ninguno de nosotros obedece, Maduro no tiene poder, si avanzamos con fuerza de calle, institucional e internacional, Maduro no puede gobernar. 

Es importante alertar sobre los riesgos de seguirle el juego a la dictadura en su estrategia de ganar tiempo y desmotivarnos. Unas elecciones regionales en estas condiciones serían una gran perdida de tiempo y energía, por las razones que enumero a continuación:

  1. Con una Asamblea Constituyente andando, cualquier elección o autoridad estaría sujeta a la discrecionalidad de sus decisiones, por lo que participar en una elección supeditada a la fraudulenta ANC es lo mismo que lanzarse al vacío confiando que el opresor protegerá nuestra vida.
  2. Con un CNE que demostró no tener escrúpulos, ahora mucho menos que antes, participar en elecciones regionales es supeditarnos a su manipulación de las cifras, además de los vicios que hemos conocido en todas las elecciones anteriores. 
  3. Con una dictadura radicalizada, las gobernaciones se convierten en un cascarón vacío, que lejos de "sumarnos espacios de poder" sólo lavarán la cara del régimen ante la comunidad internacional -que hoy los desconoce- y distraerá la ruta estratégica de la resistencia: 
    1. Elecciones generales, con un árbitro imparcial y en condiciones justas, democráticas, competitivas, transparentes y libres. 
    2. Apertura del canal humanitario de alimentos y medicinas. 
    3. Liberación de todos los presos políticos.

Es por ello que sólo la firmeza y la contundencia de nuestras acciones nos salvarán. En estos momentos no se trata de volver al debate de Votos vs. Calle, todos coincidimos en la calle, y todos queremos rescatar el voto. Pero el voto real, no el controlado ni manipulado por la comisión electoral privada de Nicolás Maduro. Para ello se hace indispensable la ejecución de todas las medidas institucionales y constitucionales que están legitimadas por la Asamblea Nacional y el voto popular del 16 de julio. 

No está de más recalcar que cualquier estrategia que se decida, sea ésta o cualquier otra, carecerá de efecto si no viene acompañada de una profunda y en escalada presión de calle, permanente y continua, hasta alcanzar los objetivos. Si la población se apacigua y desmoviliza, no habrá medida alguna de poder alguno que se pueda sostener por sí misma frente a la dictadura. 

Somos una sola nación, indignada por tanto abuso, cargados de rabia por tanta injusticia, que nos enfrentamos a un sólo enemigo, a una dictadura asesina e inescrupulosa, con vínculos con el narcotráfico y el crimen organizado. Somos un pueblo de Libertadores, que no se rinde, que no se doblega. Que avanza decididamente hasta su libertad, y que no se apacigua por las trampas del régimen. Sólo creyendo y demostrando que somos millones, en la calle, respaldando las instituciones de la democracia, desalojaremos al cartel que intenta doblegarnos. ¡Rebelión popular y sublevación institucional hasta vencer!



domingo, 12 de febrero de 2017

#12F: ¡Ante el atropello, rescatemos la valentía!

Los jóvenes no toleramos vivir oprimidos. No toleramos vivir en la injusticia. Los jóvenes no toleramos que nos secuestren nuestros sueños, que nos roben nuestro futuro. 

En 1814 un grupo de estudiantes sin ningún tipo de experiencia en el uso de armas ni formación militar fueron capaces de vencer al ejército que había conquistado a todo un continente. No se trató de un milagro ni de un hecho fortuito. Fue la primera demostración en nuestra historia de la capacidad que tiene la juventud para alcanzar lo que se propone. 

Hoy vivimos en riesgo permanente. El hambre, la escasez, la inseguridad y la falta de oportunidades han golpeado nuestras esperanzas. Mucho más, la frustración generada por un liderazgo político que no dirige con coherencia. El reto hoy es mantener la frente en alto, por cada uno de nosotros, por la fuerza incontenible que generan todos nuestros corazones latiendo al unísono por el rescate de la democracia. Hoy nos corresponde honrar a quienes no están, a quienes lo entregaron todo por vivir en una Venezuela libre y próspera. 

No somos responsables de este desastre, pero es nuestra responsabilidad componerlo. Así como los jóvenes de La Victoria, nos enfrentamos a un oponente que se muestra todopoderoso, que controla el poder político, económico y militar. Pero hay algo que nunca tienen los dictadores: La fuerza de la razón, la fuerza de la pasión, la fuerza de la esperanza y la fuerza de la mayoría.

Desde nuestras aulas de clase hemos soñado con un país distinto. En las calles hemos defendido nuestro sueño. Y hoy, cuando las condiciones de vida son las peores de nuestra historia, cuando las universidades, escuelas y hospitales están a punto de desplomarse, cuando nos impiden expresarnos por todas las vías, debemos romper el silencio, debemos rescatar la valentía que yace en nuestros corazones. 

Ante la injusticia no podemos callar. Ante la mentira no podemos ser silentes. Ante el abuso no podemos ser sumisos. Ante la corrupción no podemos ser cómplices. Ante la opresión no podemos ser complacientes. ¡Ante los atropellos, debemos rescatar la valentía! 

Debemos ser los jóvenes quienes denunciemos la injusticia, señalemos la mentira, frenemos los abusos, y conquistemos la democracia de una vez por todas. 

No dudes que eres capaz de lograrlo, siendo parte de un gran movimiento nacional. No busques a los lados la valentía que sólo tú tienes en tu corazón. No esperes de otros las acciones firmes que tú mismo puedes impulsar. Yo estoy convencido de que somos capaces de vencer la dictadura. El miedo que sentimos no se compara con el de quienes nos antecedieron en La Victoria, al ver a un ejército profesional empuñando sus armas para aplastar la república. Si ellos pudieron vencer, nosotros también podemos, y nuestras herramientas son la rebeldía, la valentía y los principios democráticos que debemos rescatar, ejerciéndolos desde ya. 

Este día de la juventud le abre las puertas a un nuevo camino de lucha. No pensemos demasiado en los obstáculos, los jóvenes somos arriesgados, valientes y vehementes en nuestras convicciones. Que sean esas las características de nuestra lucha. ¡Ante el atropello, rescatemos la valentía!

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lunes, 21 de noviembre de 2016

Estudiantes, nos jugamos la libertad y la vida


Hace 59 años los estudiantes venezolanos decidieron romper el silencio y vencer al miedo en el que la dictadura había sumido al país. Irrumpieron en el Congreso de Cardiología de la UCV y desde ahí se declararon en huelga general contra la dictadura, exigiendo convocatoria a elecciones justas y la libertad de los presos políticos. La respuesta del régimen fue apresar a cientos de estudiantes y cerrar los centros de educación universitaria.

“Sabíamos que en esa huelga nos jugábamos la libertad y la vida”. De esa forma Diego Salazar relata la importancia que los estudiantes venezolanos le concedieron a la protesta organizada en conjunto con varios liceos de Caracas.

Precisamente cuando el poder es utilizado para oprimir a los ciudadanos, pisotearles todos sus derechos y mantenerlos controlados por la miseria y el miedo, es que los jóvenes estamos llamados a alzar nuestra voz de protesta, aun cuando todas las demás voces callen. Nuestra condición de universitarios nos impide callarnos ante la mentira, ante la injusticia y ante la violación de nuestros derechos.

Llevamos en nuestras venas sangre de libertadores y no toleramos cadenas de ningún tipo, ni mordazas de ningún color. Es por ello que los estudiantes universitarios, en el carnaval de 1928, fueron quienes se alzaron contra la dictadura de Gómez y, años después, fueron precisamente ellos quienes fundaron la democracia venezolana. Es por ello que fueron los estudiantes universitarios quienes en 1957 decidieron romper el silencio para protestar contra la dictadura de Pérez Jiménez, y apenas dos meses después, junto con las demás fuerzas de la resistencia, lograron la caída del régimen. Es por ello que en el 2007 fueron los estudiantes universitarios quienes alzaron la voz y tomaron las calles contra el cierre, por razones políticas, de un canal de televisión. Es por ello que en 2016 hemos sido los jóvenes quienes no hemos caído en chantajes y nos hemos mantenido firmes en nuestras exigencias por la democracia, los derechos humanos y la libertad.

Ante un gobierno que condena a los venezolanos a la miseria, persigue salvajemente a quienes piensan distinto, viola la constitución y los derechos humanos y anula el derecho al voto, a los estudiantes universitarios no nos queda más que retomar las banderas del 21 de noviembre de 1957 y luchar con todas nuestras fuerzas para restituir el hilo constitucional. Sí, con todas nuestras fuerzas y sin una gota de miedo. Ni la cárcel ni el exilio han logrado apagar la llama libertaria que está encendida en el corazón de cada joven generación tras generación, y la persecución, el hostigamiento y la desesperanza tampoco apagarán nuestras convicciones de lucha.

Los estudiantes venezolanos reclamamos la liberación de nuestros compañeros que jamás debieron estar presos, reclamamos que con urgencia se permita la entrada al país de alimentos y medicinas, y reclamamos que sea restituido nuestro derecho al voto para revocar el mandato del Presidente de la República, hoy constituido en dictador. Estas demandas sólo tienen un objetivo: la restauración de la democracia y la garantía de los derechos humanos en Venezuela.

En nuestra lucha contamos con dos herramientas: la manifestación pacífica en las calles y el voto popular. Cuando se nos generen dudas, recordemos el porqué de nuestra lucha. Cuando la desesperanza y la desmotivación encuentren en nosotros tierra fértil, recordemos las victorias alcanzadas por el glorioso movimiento estudiantil venezolano. Nos corresponde a nosotros los jóvenes y estudiantes la tarea de decir la verdad sin ataduras, tomar las calles sin complejos y rescatar a Venezuela sin dilaciones.

Los estudiantes sabemos que la fuerza del pueblo organizado no la contiene nada, y mucho menos un gobierno tambaleante. No cedamos a la tentación de delegar el futuro de nuestro país exclusivamente en algunos representantes. Cada uno de nosotros es protagonista y su palabra tiene un poder enorme para rescatar nuestros derechos. Sigamos organizándonos, sigamos alzando nuestras voces, sigamos demostrando la fuerza de la protesta pacífica y sigamos avanzando en la construcción de la Venezuela que soñamos. Nosotros también, como los estudiantes del 57, sabemos que nos jugamos la libertad y la vida.


miércoles, 14 de septiembre de 2016

¡Venezuela no va a esperar!

En Venezuela contamos los días en vidas perdidas. La situación de precariedad en la que nos ha sumido este gobierno ha llegado a niveles en los cuales un nuevo día es sinónimo de ansiedad y preocupación. La preocupación que siente una familia al no poder alimentar a sus hijos y ver como se va afectando su salud poco a poco. La ansiedad que sufren los familiares de algún enfermo, al ver como se agudiza su situación y no consiguen medicinas. La frustración que sienten los jóvenes al ver como se le van cerrando los caminos para conquistar sus sueños. En definitiva, cada día que pasa perdemos vidas valiosas ante la mirada sádica del gobierno disfruta esta situación.

Todo esto ocurre en los últimos días de un gobierno hambreador y corrupto. Y son sus últimos días porque así lo queremos la mayoría de los venezolanos, y así lo concretaremos en ejercicio de nuestro derecho constitucional. La efectividad del referéndum revocatorio sólo existe si lo realizamos en el 2016. Permitir, como asoman algunos, que se realice en el 2017 sería alargar la agonía unos años más. ¿Acaso las madres pueden esperar unos años para alimentar bien a sus hijos? ¿Acaso los enfermos terminales pueden esperar unos años más para recibir sus tratamientos? ¿Acaso hay alguien en Venezuela que crea que podemos simplemente esperar, mientras los jóvenes van a parar al cementerio o a otros países?

Luego de años de tragedias consecutivas, y en los momentos más oscuros de nuestra historia, los venezolanos finalmente tenemos la solución en nuestras manos. Es una realidad: somos mayoría, el cambio es una aspiración popular, y somos demasiados como para que nos contengan. No podemos concebir la posibilidad de que nos arranquen la posibilidad de definir un nuevo rumbo que es una necesidad urgente.

En estos días mucho se ha hablado de que el referéndum revocatorio pudiese ocurrir en el 2017. Pero, ¿saben quienes hablan de ello la gravedad del asunto? Estarían permitiéndole a quien ha destruido nuestro futuro decidir quién gobernaría los próximos tres años, que además sería de su propio partido... Sí, el mismo partido que se ha negado a ejecutar soluciones y que ha radicalizado y profundizado sus políticas de opresión y miseria. Es pedirle a millones de venezolanos unos años más de aguante y resistencia, cuando no tiene sentido alguno pues tenemos el derecho a terminar con este desastre antes de que finalice el año.

Ni el gobierno ni nadie podrá hacer que renunciemos a nuestro derecho, a nuestra oportunidad de terminar con esta agonía. Ni quienes negocian ni quienes desvirtúan la lucha popular podrán torcer la decisión de todo un pueblo. Somos un pueblo determinado a cambiar y a sortear los obstáculos que se pudieran atravesar en el camino, sean del color que sean. 

La consulta popular, la elección, el referéndum revocatorio va a ocurrir en el 2016. No porque el CNE o los políticos lo quieran, sino porque así lo queremos los venezolanos. Estudiantes y trabajadores, hombres y mujeres, emprendedores y desempleados, ricos y pobres al unísono hemos decidido dar fin a esta tragedia, y así lo haremos, como lo establece nuestra constitución. Pensar en ceder es absurdo, cuando contamos con el equipo ganador y las condiciones a nuestro favor. 

Las herramientas que tenemos en nuestras manos son nuestros derechos. El referéndum revocatorio es nuestro derecho, y para conquistarlo debemos hacer uso de otro derecho: la manifestación pacífica. La protesta ciudadana constante, organizada y disciplinada obligará a quienes están en el poder a someterse al designio de los venezolanos. Juntos, todos le vamos a poner fin a esta agonía. Ya no queremos contar los días en vidas humanas, no podemos esperar, ¡No vamos a esperar! 


Caracas, 14 de septiembre de 2016.




jueves, 21 de mayo de 2015

Abierta la cacería de las universidades libres

Nuestras casas de estudio son instituciones de futuro, donde se hornean los proyectos que nos permitirán tener una sociedad más humana, más amable y con menos problemas. Para cualquiera, esta descripción bastaría para ofrecerle a las universidades las condiciones para crecer y ampliar cada día más su rango de acción; para que en sus aulas quepan todos, los hijos de los campesinos y también los de los empresarios; para que en sus laboratorios se consigan las curas de las enfermedades que nos azotan; para que sus proyectos tecnológicos generen bienestar y crecimiento a todos los venezolanos.

La realidad en Venezuela es que el responsable de garantizar educación universal, pública, gratuita y de calidad a los jóvenes –el Estado- está echando la partida para atrás. Desde que los niños ingresan a las escuelas se consiguen con una infraestructura a punto de colapsar, con maestros y profesores mal pagados, con dificultades para transportarse, alimentarse y adquirir los uniformes y los materiales. Estas deficiencias se van acentuando a medida que transcurre la vida académica, y en bachillerato se consiguen con que no hay profesores de matemática, física, química o biología. A pesar de todo eso, el sistema los promueve a los niveles superiores, y luego se encuentran con el reto de ingresar a la universidad. Pasan por un proceso de selección al que se enfrentan con grandes deficiencias, pero aún así, los que finalmente ingresan se vuelven a conseguir con los problemas de los años anteriores: servicios deteriorados, éxodo de profesores, cierre de cátedras y laboratorios, y hasta una inseguridad desbordada. En este ambiente se desarrolla el crecimiento de los profesionales venezolanos, desde preescolar hasta la universidad.

A pesar de que el gobierno maneja una cantidad de recursos gigante, no tiene la voluntad de destinarlos al sistema educativo; no lo hace con el sistema de educación básica y media, que controla, mucho menos lo hace con las universidades plurales, autónomas, libres y democráticas. A nuestras universidades les ha tocado sobrevivir con menos de la mitad de los recursos que necesitan para cada año, viviendo a punta de créditos adicionales asignados como cuenta gotas; con una planta profesoral envejecida que hoy percibe menos del sueldo mínimo mensual, sufriendo la crisis económica actual que le impide acceder a insumos básicos para la enseñanza debido a la escasez. Nuestras universidades reciben a miles de estudiantes en unas aulas cada vez más deterioradas, en unas bibliotecas obsoletas, en unos comedores al borde del colapso y sirviendo comidas que no cubren los requerimientos de nadie; en fin, con servicios al borde del cierre. Cierre que por cierto, podría ocurrir antes de julio de este año de no ser aprobados los recursos para el funcionamiento de nuestras casas de estudio.

Una nueva amenaza viene ahora desde el gobierno nacional, y es la violación de la autonomía por medio de la asignación directa de estudiantes de nuevo ingreso, queriendo despojar a las universidades de su mecanismo de selección. El escenario ideal sería que tuviésemos suficientes universidades para acoger a todos los bachilleres de la república, sin embargo, estamos muy lejos de alcanzar esa situación. Debido a la reducida oferta, se debe garantizar que quienes ingresen sean aquellos con las aptitudes suficientes para iniciar y culminar exitosamente una carrera universitaria, que no es cualquier cosa. Los mecanismos de selección de las universidades no discriminan por condición socio-económica o por ubicación territorial. El joven del Táchira presenta la misma prueba que el de Delta Amacuro, el hijo del millonario presenta la misma prueba que el hijo del desempleado. Las desigualdades no vienen de la universidad, sino de un sistema de educación media pública que no da la talla, que no le otorga a los jóvenes las herramientas suficientes para garantizarse éxitos profesionales.

La lógica del actual gobierno frente a las universidades es la de buscar ahogarlas por todas las vías. La presupuestaria es bien conocida por todos, pero también violan su autonomía, y hasta mantienen procesos judiciales en contra de nuestras casas de estudio.

A pesar de todo, nuestras universidades han dado la talla y se mantienen ofreciendo soluciones al país, aunque cada día menos y con mayores dificultades, claro está. En  nuestra UCV se formó y laboró Jacinto Convit, destacado investigador de la salud que descubrió la vacuna contra la lepra y otras cuantas enfermedades. En nuestra UCV se atienden a millones de venezolanos al año en el área de la salud, y también se les presta apoyo psicológico y legal. De nuestra UCV día tras día salen jóvenes a las comunidades, para generar respuestas a sus problemas y mejorar poco a poco su calidad de vida. La UCV es la universidad venezolana que más investigaciones ha realizado en los últimos años. Nuestra UCV recibe en sus aulas a jóvenes de todos los rincones del país y abre ante ellos un universo de posibilidades e ideas modernas que les permitan responder a las necesidades del pueblo venezolano. Esta situación se replica en todas las universidades a lo largo y ancho del territorio nacional.

Si esto es así con tantas crisis que nos aquejan, imaginémonos lo que lograríamos con casas de estudio que estuvieran a la vanguardia de la ciencia y las humanidades a nivel mundial. En estos momentos están arreciando los golpes desde el gobierno hacia las universidades, por todos los frentes y en contra de todo sentido común. Es por ello que se hace necesario quien defienda a la universidad en esta cacería que está arreciando.

No se defiende lo que no se ama, y es por ello que todos debemos aprender a amar a nuestras universidades; hermosos recintos donde las madres ven a sus hijos vestidos de toga y birrete cumpliendo sus sueños. Recintos que cada día más les cuesta ayudar a cumplir sueños y les es más fácil generar desvelos y pesadillas. Sin embargo, debemos convertirnos en embajadores de la universidad digna. Debemos informarnos de todas las capacidades de nuestras casas de estudio y de las amenazas que existen contra ellas y pregonarlas en todas las calles. Ante la cacería que inició el gobierno, todos los venezolanos debemos convertirnos en defensores de las instituciones libres, como lo son las universidades, para evitar que cierren y desaparezca su generación de esperanza.


No permitamos que cuelguen a las universidades venezolanas como un trofeo en la pared de las instituciones arrodilladas al pensamiento único. Mantengamos sus puertas abiertas, recibiendo a jóvenes de todos los pueblos y ciudades, de todos los estratos, de todas las corrientes políticas, formándolos en igualdad de condiciones y ofreciéndoles las herramientas para su crecimiento personal y para el desarrollo del país. 

lunes, 27 de abril de 2015

¡Abajo el pesimismo!

¿Cuántas veces en los últimos días nos hemos topado con personas que sólo hablan negativamente? E incluso que reclaman cuando se habla de cosas positivas -que aún subsisten- porque dicen que eso no es importante, que sólo hay que hablar de la crisis, de los problemas y del desorden.

Estamos viviendo una crisis, eso es indudable. Una crisis a todo nivel que se cierne sobre la economía y la política, pero también sobre nuestra dimensión humana y relacional. 

Sin embargo, no podemos lanzarnos al abandono. No podemos sumirnos en la desesperanza y el pesimismo que no solo observan únicamente lo triste, sino que además se niegan a ver lo positivo. 

Hoy en Venezuela hay millones de valientes que se despiertan con un sueño y salen a conquistarlo. Que entienden las dificultades, que sufren las crisis, que son víctimas de las injusticias, pero que eso no les impide alzar la frente, mirar a los ojos al vecino y encontrar en ellos un impulso, encontrar en ellos un grito de aliento que nos dice que no estamos solos. 

Es altamente preocupante la proliferación de "pesimistas crónicos" en Venezuela. Esas personas que constantemente se quejan de la situación, y que dicen que "aquí no hay nada que hacer". Esas personas que perdieron la esperanza, que tiraron la toalla y dejaron de creer que Venezuela tiene las capacidades de levantarse. Pero lo más preocupante es que aún cuando surge una noticia positiva, casi como el destello tímido de un faro en una costa lejana, quieren censurarla y que no se sepa lo bueno que está pasando en nuestro país.

Pareciera ilógico que en tremenda crisis alguien quiera hablar de lo positivo que se está haciendo. Pero es que es necesario que tengamos razones para tener esperanza, que sepamos que no estamos solos en nuestro empeño de rescatar a Venezuela. Es necesario que nos enteremos de la iniciativa de jóvenes en las regiones del país para promover la formación en valores, que sepamos que se están organizando actividades para fomentar la honestidad, la integridad y la tolerancia. 

Es necesario que conozcamos a las miles de personas que se organizan por la defensa de sus derechos, contra los atropellos y las mezquindades, para mantener en pie la república y la democracia. Es necesario que conozcamos el trabajo incansable de los activistas deportivos y culturales en nuestros sectores populares, fomentando el desarrollo integral de los niños, manteniéndolos alejados de la delincuencia. Es necesario que pregonemos el trabajo arduo y desinteresado de los investigadores sociales y científicos para ofrecer soluciones a los profundos problemas del país. 

Es necesario que nos demos cuenta de las miles de iniciativas ciudadanas que están surgiendo en Venezuela, a todo nivel. A pesar de un gobierno que quiere callar las voces que sueñan con un mejor futuro, crecen como plantas sobre las grietas de este aparataje vencido.

No es fácil lo que nos corresponde: Criticar y enfrentar una debacle que nos afecta, pero al mismo tiempo propiciar cambios y generar esperanza. Vacunémonos contra la desesperanza. No permitamos que nos quiten nuestros sueños ni nuestra alegría... Si eso llegara a pasar, en ese preciso instante, habríamos sido derrotados; pero mientras hayan personas que luchemos, que arriesguemos y que entreguemos todo lo que somos para transformar este país, habrá esperanza y habrán razones para seguir de pie, resistiendo y construyendo. ¡Abajo el pesimismo! Seamos catalizadores de esperanza y no permitamos que quieran nublar nuestra vista hacia el norte que nos hemos marcado: una sociedad justa, igualitaria, de oportunidades, que camine en conjunto hacia el desarrollo y el bienestar fuertemente arraigados en el amor, la tolerancia y el sentimiento profundo de ser hijos de esta Patria.


martes, 14 de abril de 2015

En América, soñar es un acto subversivo

Un venezolano del siglo XIX soñó con una América unida, caminando junta hacia el desarrollo y el bienestar de los pueblos. ¿Acaso se iba a imaginar que dos siglos después estarían los pueblos de América Latina emprendiendo las mismas luchas, pero completamente aislados?

Hace unos días en Panamá se desarrolló la Cumbre de las Américas, y en ese marco ocurrieron varios Foros, de jóvenes, de sociedad civil, de empresarios y de rectores. Fueron espacios de encuentro, de debates y sobre todo de consensos. 

El primer gran consenso es que en América Latina no tenemos la democracia que deseamos. Desde los países donde está más amenazada -como Venezuela- hasta los países donde pareciera estar más consolidada, hay inconformidades, reclamos y una movilización y organización de la gente para alcanzar sus conquistas. 

No por que se realicen elecciones se vive en democracia. Deben ser respetados los Derechos Humanos, los derechos civiles, económicos, sociales. Las instituciones deben funcionar, hacerse contrapeso; la justicia debe ejecutarse para todos por igual, sin interferencias. Los habitantes deben convertirse en ciudadanos, con espacios de participación en la toma de decisiones y con capacidad de concretar las aspiraciones de vivir en mejores países. 

La persecución y censura al que piensa distinto sigue siendo una práctica extendida en el continente, en distintos niveles y con diferentes matices, pero los opositores latinoamericanos siguen siendo objeto de desmanes. 

El sistema educativo siempre es calificado por tener un bajo presupuesto, sin importar el país del que se hable, y la violencia y delincuencia cada vez se abren más paso ante Estados que parecieran no tener capacidad real de acción. 

Como Venezolano debo decir que estas crisis tienen distintos niveles de profundidad, y que están a la vista las situaciones -y los números- en las que Venezuela ocupa los niveles más vergonzosos en cuanto al debilitamiento de nuestra democracia, nuestra ciudadanía (nuestra condición de ejercer derechos y cumplir con deberes) y nuestra calidad de vida y bienestar social. 

Sin embargo, si algo no ha cambiado desde el siglo XIX es la combatividad del americano. Esa inconformidad que traspasa el alma de los criollos cuando vemos cerrados nuestros caminos hacia el crecimiento económico, el bienestar social y el libre ejercicio de nuestros derechos. 

Mientras los "poderosos" se reunían en Panamá, los ciudadanos libres venidos de todos los países del continente generaban debates amplios y establecían lineamientos sobre la América que urgentemente necesitamos alcanzar. 

Existe una generación que no va a permitir que le arrebaten la democracia, aunque cueste sangre y fuego. Existe una generación que le perdió el miedo a la persecución y al señalamiento, cuando recibe estos ataques a causa de sus principios, sueños e ideales. Existe una generación a la que le han quitado tanto... Pero no han podido quitarle sus sueños. 

Nos quitaron a nuestros padres, nos quitaron la calidad de nuestras escuelas, nos quitaron las oportunidades educativas y profesionales, nos quitaron el acceso a bienes y servicios, nos quitaron las garantías, pero no nos podrán quitar nuestros sueños y nuestro empeño en convertirlos en realidad. 

En América, soñar es un acto subversivo.  Y sólo mediante la organización y movilización social se hacen realidad los sueños. Tambalearán las estructuras que mantienen a quienes hoy usan el Poder para aplastarnos, pero el pueblo y su determinación a la libertad, igualdad y al progreso y el bienestar son indetenibles, y esa es la verdadera y profunda transformación social.



sábado, 6 de septiembre de 2014

Ya estoy cansado... yo me quedo!

Ya estoy cansado. Cansado de que todos den por sentado que me quiero ir del país, que esa es la mejor alternativa que tengo. Cansado de que todos me pregunten cuándo y a dónde me voy. Cansado de que crean que por ser estudiante universitario, ya próximo a graduarme, tengo como obligación estar buscando pasajes y oportunidades en otro país. Estoy cansado de ver en las redes sociales un par de zapatos sobre la cromointerferencia de Cruz Diez. Cansado de ver que se organizan más despedidas que cumpleaños, y que en vez de nostalgia y tristeza haya alegría y orgullo por el que abandona su país. 

Con esto no quiero culpar a quienes se van, ni tampoco alabar a los que se quedan. Ambos tienen sobradas razones para tomar las decisiones que toman. Pero no es propio quedarse callado cuando tantos sueños se despedazan y se remiendan con un "afuera estaremos mejor".

Es cierto que las condiciones del país están mal, exageradamente mal. Pero al ver las decisiones de irse de muchos que dicen amar a Venezuela, no termino de entender tamaña incongruencia. 

¿Aman a Venezuela o aman a su propia comodidad? Abandonar el país no es forma de cambiarlo. Abandonar el país buscando un mejor futuro, para cada uno, es una decisión personal, individualista, donde por ningún lado se nota el tan proclamado amor por Venezuela.

Amar a Venezuela es amar a esta tierra y a su gente. Sí, a esa gente que insultas, que amenazas, que denigras. A esa gente que culpas de todos los males que te aquejan. Los venezolanos, seamos de la tendencia que seamos, tenemos un potencial dentro de nosotros inimaginable. Somos capaces de cambiar las realidades, de mejorar las condiciones, de ofrecer soluciones. Eso no significa que las soluciones y los cambios aparezcan por protestar un día, o dos, o tres, o un mes, o seis meses. El trabajo es continuado. 

Parafraseando a José María Vargas: el amante de su Patria, sufriendo la miseria pública nacida de la falta de industria, siendo víctima del doloroso atraso de nuestro aparato productivo, palpando la decadencia de nuestro comercio y los defectos de nuestra legislación, propone sus ideas, ofrece sus esfuerzos, consagra sus medios a la remoción de estos males, cuenta con una suma de querer e influjo con que dar a sus proyectos de mejoras una fuerza poderosa apoyada en el interés común, aplicada por medios de benevolencia y con las recomendaciones de un civismo puro. (José María Vargas, 1831).

El problema es que muchos, aún queriendo mejoras en la economía, la educación, la sanidad, la política, la seguridad y tantas otras áreas, esperan a que otros asuman esas banderas. Desde sus oficinas o trabajos, se quejan de las situaciones pero no empeñan sus esfuerzos para generar pequeños cambios. En la Venezuela que nos tocó vivir es menester involucrarse en la generación de cambios y soluciones. La vida individual, enfocada sólo en generar el bienestar de la propia familia, quedó en el siglo pasado y se vuelve insuficiente para alcanzar las condiciones de vida que queremos, incluso para nuestra misma familia.

Quienes no estén dispuestos a asumir esta ruta, no los culpo, tienen sobradas razones para buscar el bienestar propio y de su familia en otras latitudes. Pero tú, que dices que amas a Venezuela, ámala de verdad. No gustes solamente de tus comodidades y beneficios, presentes o pasados. Ama a Venezuela, con sus fortalezas, sus bellezas, sus potencialidades, pero también sus defectos y sombras. Ámala con las ganas de verla progresando, ofreciendo oportunidades a sus hijos. Ámala haciendo realidad ese progreso e igualdad. 

Y amar no es sencillo, no es una película color de rosa. Amar es empeñarse, esforzarse, perseverar. Aunque lo que hayas podido construir sea derrumbado una y otra vez. Amar es convertirte en protagonista, y dejar de esperar que las cosas pasen. 

Domingo Briceño y Briceño, en 1834 ya lo dijo: "Pensando como hombres, obramos como niños, amando el pupilaje. (...) Convenimos en obedecer por la pereza de mandar, y por tanto confiando en las fuerzas ajenas, dejamos a otros el cuidado de hacernos felices; y no sé si por lo que se llama apatía o habitud, deseamos sin querer (permítaseme explicarme así) que el gobierno se divinice para que nos haga ricos, nos dé población, talleres, jornaleros, caminos, carruajes, educación, industria; en fin, todo" 

Los venezolanos hemos estado acostumbrados a que las soluciones lleguen, a que otros las implementen. Ésto, como ya he dicho, ha quedado en el siglo pasado. Aún cuando hoy no tengamos el poder gubernamental, sí que tenemos el poder ciudadano. El poder ciudadano de opinar, de generar, de proponer, de protestar.

Algunos dicen que ya lo han intentado todo, que han perdido sus esperanzas, que ya le han dado suficientes oportunidades al país. En lo particular, no creo que nunca sea suficiente. Estoy dispuesto a quedarme en el país, no porque crea que vivo bien hoy, sino porque estoy convencido de que con nuestro esfuerzo, podremos vivir bien mañana. Y ese bienestar no será un regalo, no será mera casualidad del destino. Será un bienestar conquistado. 

Y toda conquista, así como todo amor, conlleva dolores, sufrimientos y pérdidas. Yo estoy dispuesto, a empeñar mi vida, a "desperdiciar mi juventud" como dicen algunos, por ver a Venezuela libre, democrática, igualitaria y progresando. Es ese mi sueño más profundo.

Y para cerrar esta pequeña reflexión, cuyo objetivo no es más que plantear una postura, y ojalá quede rondando en las mentes de mis compatriotas, dejo un mensaje de Mandela, el gran héroe de la igualdad y la libertad del siglo XX, un gran héroe que entendió que aunque la meta fuese inalcanzable, el quehacer diario por alcanzarla ya era en sí motivo de alborozo y satisfacción. Ya estoy cansado de tantas invitaciones a irme de mi Venezuela, yo me quedo, aún cuando el riesgo es que nunca vea a mi Patria como la quiero ver, pero sabiendo que la satisfacción está en la lucha y en el amar.

"Puede que los ideales que albergamos, nuestros sueños más anhelados y nuestras más fervientes esperanzas no lleguen a cumplirse mientras vivimos. Pero eso no importa. Saber que en tu día cumpliste con tu deber y estuviste a la altura de las expectativas de tus congéneres es por sí misma una experiencia gratificante y un logro magnífico" Nelson Mandela, 1 de abril de 1985.